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¡Excelente! Más cerca de la realidad, ¡imposible!
ResponderBorrarAlguno de los grandes creativos anónimos que pululan por el ciberespacio,
ResponderBorrarreformó hace tiempo la conocida fábula de Esopo «La cigarra y las hormigas»,
adaptándola a lo que sucede en nuestro país, válida también para muchos otros
países, sobre todo de América Latina, donde campea la pereza populista. La fábula
de marras cuenta cómo la cigarra debe soportar el hambre durante el invierno por no
trabajar previsoramente, como sí lo hicieron las hormigas. La cigarra durante el
verano, narra la historia, se dedicaba sólo a cantar y a burlarse de sus laboriosas
compañeras. El relato deja un mensaje sobre la necesidad de producir y ahorrar
pensando en el futuro.
En la nueva versión argentina (o latinoamericana) de la fábula, las cosas
comienzan del mismo modo: las hormigas trabajando a brazo partido, la cigarra
cantando y riendo. Sin embargo, luego, al llegar el invierno, la miserable condición de
la cigarra es mostrada de modo sensacionalista en un programa de televisión, que a
la vez emite extractos de un video de la hormiga, bien refugiada en su casa y con la
mesa llena de comida. La opinión pública se indigna de que en una tierra con tantas
riquezas naturales se permita sufrir a la pobre cigarra, mientras hay otros que viven
en la abundancia. Respondiendo a las encuestas de opinión, el gobierno elabora una
ley sobre la igualdad económica. Aumenta los impuestos de la hormiga y además la
multa por no contratar a la cigarra como ayudante en verano. Al ver que su trabajo
cada vez le reporta menos beneficio, y que la riqueza que genera va a parar a otros
individuos, la hormiga se va de Argentina y se instala con éxito en otro país.
La ironía de este relato, tan cercano a la realidad, demuestra cómo la pereza
populista castiga a quien más produce, como si el hecho de generar riquezas fuera
algo vergonzoso o despreciable a nivel social. Triste realidad es sin embargo, que la
perezosa cigarra influye y gobierna en muchos países del mundo. Por doquier vemos
Estados sustrayendo ingentes sumas, fruto del trabajo particular, para solventar
bienes que el individuo no necesita o que jamás percibirá.
El populismo padece, a nuestros ojos, sus propios siete pecados, que exponemos de la siguiente manera:
ResponderBorrar- La envidia populista, que lo lleva a atacar fronteras adentro a los individuos disfrazandolos de enemigos o golpistas y fronteras afuera, a las empresas con más éxito y a los países más prósperos.
- La gula populista, por la que aumenta incesantemente la presión fiscal hasta engullirse todo el aparato productivo.
- La ira populista, cuando usa ilegítimamente el monopolio de la fuerza contra los particulares.
- La soberbia populista, padecida por los caudillos que se autoproclaman líderes únicos del país y exaltan su personalismo.
- La lujuria populista, que se traduce en la enorme e irrefrenable seducción de poder que sufren estos caudillos, y por la que buscan afanosamente acrecentar su poder cuantitativamente y cualitativamente.
- La avaricia populista, que les permite evitar que ganen quienes satisfacen más y mejor al resto, y al mismo tiempo que decidan la medida de toda ganancia de cada individuo.
Las consecuencias de llevar a cabo una política perezosa y populista son claras y muy perjudiciales, podemos sintetizarlas de la siguiente manera:
ResponderBorrar- INJUSTICIA: el famoso concepto de justicia de Ulpiano, «dar a cada uno lo suyo», es imposible cuando gobierna el populismo, ya que para dar a algunos lo que no es suyo, el populista tiene que necesariamente quitar a otros lo que sí les pertenece.
- DESTRUCCION DE LA CULTURA DEL TRABAJO: los valores del esfuerzo que tanto empujó hacia adelante a la nación durante los siglos anteriores al «Estado de Bienestar» hoy se encuentran en crisis gracias a que este modelo ha quitado gran parte de los incentivos que movían a las personas a considerar al trabajo
como una herramienta superadora.
- DEPENDENCIA: la comodidad que ofrece la pereza populista tiene un costo. Cada vez la población se hace más dependiente del asistencialismo del Estado o de
sus favores prebendarios. Esto lleva a hacer un «Estado Grande, insosteniblemente costoso, inoperante y mercantilista» que tanto daño produce.
- POBREZA: la pereza populista nos aleja de las causas de la riqueza, mientras busca ciega las «razones de la pobreza», sin percibir que ésta es el estado natural de las personas que Esperan que el estado les Solucione todas sus obligaciones. El perezoso populista se contenta sólo con una teoría que le indique que su miseria se debe a causas ajenas y no a su falta de
esfuerzo.
- CORRUPCION: los funcionarios públicos - cuando gobierna la pereza populista -manejan ingentes cantidades de dinero privado y pueden fácilmente malversarlo bajo la mascarada de gastos sociales, programas de ayuda y demás dislates.
Además cuando se interviene la economía se forma siempre un círculo de parásitos cercano al poder, que busca agraciarse con éste para obtener beneficios.
Como vemos, cuanto más nos adentramos en la enfermedad populista, más nos alejamos de su posible remedio.
El esfuerzo personal, el trabajo y la iniciativa son valores que no se construyen de un día para el otro, ni pueden tampoco insuflarse desde un plan de gobierno determinado. Si estos valores entran en crisis cuesta mucho tiempo reestablecerlos. Lo trágico es que sin demasiado esfuerzo, la pereza populista puede destruirlos en poco tiempo.